Resumen:
La pandemia acaparó durante varios meses la agenda en salud y los medios de comunicación tradicionales, cuyo enfoque influyó profundamente en la percepción de la población sobre los riesgos, peligros de la nueva enfermedad COVID – 19 y sus secuelas (Abuín y Sierra, 2022). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), se definió al SARS-COV-2 como el nuevo coronavirus, el cual fue el principal causante de la situación que afectó a la población mundial a finales del 2019 con consecuencias y circunstancias igual de graves a las que se experimentaron en otras épocas, como en la segunda guerra mundial con la aparición de la gripe española. Como se conoce el primer registro se originó en Wuhan el 31 de diciembre de 2019, siendo el inicio de un hecho catastrófico para la salud física y mental a nivel mundial debido a la gran cantidad de muertes registradas. Con lo anterior y según Huarcaya (2020) es preciso mencionar que, el fenómeno natural de la muerte fue la principal causa de preocupación y afectación para la salud mental de las personas durante la pandemia. Las medidas de contingencia impuestas contribuyeron a la alteración del curso normal de la vida. Tanto en pacientes como en el personal de salud surgieron temores respecto el riesgo de contagio y los efectos que la muerte podría tener en familiares, tales como sentimientos de soledad, tristeza e irritabilidad. La pandemia fue una causa para el aumento de muertes en todo el mundo, debido a que se presentó en condiciones poco habituales e inesperadas, por lo cual, quienes sufrían una perdida se enfrentaron a una situación que implicó poner en funcionamiento diferentes estrategias de afrontamiento, las cuales según la literatura son positivas por que promueven la salud emocional y el bienestar a largo plazo. Sin embargo, es importante reconocer que cada persona puede encontrar útil diferentes estrategias, aclarando que las estrategias que funcionan para una persona pueden no ser efectiva para otra.